domingo, 20 de diciembre de 2009

Mi aventura de ser docente

REPENSAR MI PRÁCTICA

Repensar mi práctica docente desde la mirada de “La aventura de ser maestros” ha sido recordar, la angustia que me causó los primeros encuentros con los grupos. Para empezar, me dieron el nombramiento tres días antes de iniciar las clases, me dijeron las materias que tenía que impartir, pero nada más.
Fue una experiencia muy abrupta, me dieron la materia de antropología y yo ni en la preparatoria había llevado esa materia. Empecé, por ir a una librería y buscar libros, los leí, subrayé y saque algunas notas. Pero lo verdaderamente impactante fue estar frente al grupo, recuerdo que apenas los saludé y empecé mi clase, llenado el pizarrón con las notas que había hecho una noche anterior.
Con el tiempo, como señala Esteve, fui corrigiendo errores y revisando lo que me funcionaba me gané la libertad de ser profesora, aprendí a tener seguridad en mi misma, sé lo que puedo y no puedo hacer, ensayo continuamente nuevas técnicas para explicar, me atrevo a modificar mi programa de estudio, busco información nueva a través de la prensa o el internet, para escapar de anquilosamiento y la rutina. He aprendido que es enseñando como aprendemos a enseñar, la práctica es la mejor maestra del profesor.
No obstante, para lograr una verdadera renovación pedagógica, la práctica tiene que estar alimentada de las teoría, de ahí que mis acciones se enfocan a la búsqueda continúa de herramientas que favorezcan el encuentro diario con los alumnos. Encuentros que cada día se tornan más difíciles por el efecto que tiene en los alumnos otros espacios educativos, como la televisión o el internet, es necesario dominar las herramientas de comunicación para poder competir con esas nuevas influencias educativas.
Con respecto a las dificultades, coincido con Esteve en que la mayoría de los profesores de la Educación Media Superior no teníamos una clara vocación de enseñantes y que para lograr construir nuestra identidad profesional tenemos que pasar por un proceso atentico de reconversión.
En este sentido quiero expresar la experiencia que he vivido en el subsistema donde laboro EPOEM (Escuelas Preparatorias Oficiales del Estado de México), durante las reuniones de academia, en los cursos de actualización o cuando nos encontramos en otros espacios educativos, los profesores tienden mucho a comentar “yo soy universitario o politécnico o X, no soy profesor”, esos comentarios me estimularon para realizar mi tesis de maestría sobre el saber de los profesores de las EPOEM, es interesante ver que encontré lo mismo que señala Esteve, los normalistas, tienen conocimientos sobre las teorías pedagógicas pero reconocen que la práctica les planteó muchos problemas que no sabían cómo enfrentar y fue con el tiempo como los fueron solucionando. Así mismo los profesores que no son normalistas reconocen que tienen cierto dominio sobre los contenidos que enseñan pero que dado el acelerado cambio que hay en las ciencias, les falta mucho por aprender, es decir, hay un reconocimiento de que ignoramos muchas cosas, que hay mucho aún por aprender .
Ambos necesitan seguir aprendiendo y es la práctica la que los ayuda a entender sus limitaciones. Sin embargo, se observa que entre los profesores que no estudiaron para serlo, hay muchos que no han logrado esa “autentica reconversión”, no han comprendido que ser profesor es estar al servicio de los alumnos, de ahí que no construyen su identidad profesional, factor que afecta terriblemente a los alumnos que siguen viviendo ese terrible abandono pedagógico.
Son esos profesores que sufren un malestar docente como producto de no ser docentes de origen. En cuanto a mí, diría que como seres sociales que somos, el estar en contacto con nuestros semejantes genera contradicciones, producto de las diferencias que cada individuo porta. Nuestras, creencias y sentimientos son diversas. Diversidad que enriquece el encuentro con los otros, pero que también lo limitan y lo afectan. Podría decir que mis malestares tienen que ver con esas diferencias, más que con mi historia de no ser docente de origen porque cuando ingresé a la docencia encontré mi verdadera vocación. Amo mi trabajo y por ello, mi identidad profesional está clara, sé que mi labor consiste en dar un buen servicio a los alumnos, vivo mi trabajo como una verdadera aventura enfrentando nuevas dificultades cada día, como el regreso de Ulises a Ítaca.
La imagen que tengo de mi es de ser una persona comprometida con mi trabajo, lo realizo con profesionalismo, lo que escucho fuera de la escuela de los maestros, no me afecta porque yo siento que estoy cumpliendo con lo que la sociedad espera del maestro (que los jóvenes aprendan los conocimientos de las ciencias, pero también los valores que posibilitan la convivencia humana y la protección de nuestra casa-la tierra).
De igual forma, al enseñar los contenidos de las asignaturas toma una postura política, que me permite generar en los alumnos la incertidumbre sobre el mundo, cuestionarlo, para replantearlo.
La docencia para mi es estar viva y, parafraseando a José Manuel Esteve, la enseñanza para mí es una aventura que me rescata del aburrimiento, es el espacio donde puedo expresar mis más profundas convicciones y trasmitir lo que más me agrada de la vida y del mundo.

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